HERENCIA,ACTITUDES,CREENCIAS FAMILIARES Y PERSONALIDAD


DR. WALTER SHEEN CUBA

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“Señor, concédeme la serenidad de aceptar, lo que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que puedo cambiar y sabiduría, para conocer la diferencia”

Epíteto

La hermandad es el ambiente habitual intrafamiliar por excelencia, donde se originan la rivalidad entre hermanos, así como, la afinidad con alguno de ellos o con la mayoría de ellos.

Son numerosos los mitos que relatan las historias trágicas secundarias a rivalidad entre hermanos, Caín y Abel, Rómulo y Remo, Esaú y Jacob etc.

De modo que la hermandad familiar, es el modelo inicial de toda sociedad, agitada por las tensiones propias de sus miembros, dentro del seno familiar, sea, por la lucha por el poder, la búsqueda de aprobación de los padres y la rivalidad entre ellos para conseguirlo, que puede degenerar en una guerra abierta entre ellos.

A su vez, la hermandad es  la colectividad por excelencia, con sus ideales de amor, reparto igualitario y la colaboración fructífera.

En este ambiente, los niños aprenden a vivir entre sus semejantes, tanto en el  hogar, como en la sociedad en que  les toca vivir (escuela, el barrio, el colegio).

La actitud de los educadores será determinante en esta etapa de la vida, para favorecer la adaptación del niño, a la vida en sociedad.

Los conflictos que se producen entre hermanos, a veces marcan a un individuo y con el tiempo se derivan, en conflictos en la vida cotidiana, pues, tienen un origen en la búsqueda de ser querido por los padres, o, una vida segura.

La necesidad de amor, seguridad y atención que tiene un niño, puede verse contrariada por los múltiples desafíos que se le presentan a los padres, sean  catástrofes, accidentes diversos, dificultades económicas, afectivas o profesionales, enfermedades etc.

En cualquiera de estas circunstancias, sus ejemplos  marcan a un niño. Cuando los padres no cumplen con su misión de educar y trasladan a los hermanos su impotencia, nacen las jerarquías rígidas, útiles para que haya orden.

Pero, dañina para los niños, a quienes se les coloca en una posición subordinada. Las comparaciones, como modo de presión, las preferencias y las exclusiones, marca el destino futuro de los adultos.

Cuando los padres evitan responder adecuadamente las preguntas del niño, se construirá los elementos básicos de una futura identidad neurótica en su personalidad.

En la vida adulta y en virtud de los mecanismos de proyección, las antiguas rivalidades en el ámbito fraterno y familiar terminan, en conflictos entre sus semejantes, siempre orientados hacia una autoridad superior, que representa a los padres, puede ser, un jefe que no sabe valorar a sus empleados, unos padres o suegros, a quienes hacen testigos de sus disputas de pareja.

En igual forma se producen autenticas guerras en nombre de una idea abstracta, libertad, Dios, justicia, Paz etc. Luchas en que las dos facciones rivales creen honestamente estar combatiendo por el bien del ideal de sus padres.

Se consigue la felicidad siendo lo que eres y no lo que otros quieren que seas. La identidad de una persona empieza por su nombre, por sus raíces, lo que se alimenta, sus creencias, la calidad de su familia, el amor a Dios, a su Patria.

Además, cada uno de nosotros, nace con una personalidad propia, con sueños e ideales y cada corazón no está en paz, hasta que se llena de espiritualidad y amor.

De modo que, no te puedes conocer, si  no sabes quién eres y todo lo pasado que has vivido es tu tesoro y a la vez tu trampa, de modo que si queremos evolucionar, tenemos que ver el pasado, presente y futuro, de modo diferente, pues, es tu tesoro.

Para sanar una enfermedad física, mental o emocional no podemos limitarnos solo a lo científico. Las únicas palabras sanadoras que entiende el inconsciente son los rezos y los encantos.

Así como el inconsciente acepta placebos, también acepta los actos metafóricos, de modo que las pulsiones no se resuelven sublimándolas o reprimiéndolas, sino, realizándolas de forma simbólica.

Para que una persona sane se hace necesario que el paciente, sea lo que en verdad es y se libere de la identidad adquirida, lo que los otros han querido que sea.

Ayudar al otro a sanar supone, no solo comprender que sufre, sino también, poner a su alcance, los elementos necesarios, que le permitan cambiar.

De modo que:

¡Es importante conocernos, pues, es el comienzo de el cambio ¡

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