EL NIÑO CON DAÑO CEREBRAL Y TRANSTORNO DEL COMPORTAMIENTO


“Si el conocimiento no se hubiese subordinado a la experiencia, los logros hubieran sido imposibles”
Karl Popper
Todo niño con desordenes de comportamiento representa un problema de evaluación y terapéutica, tanto en la psiquiatría como en la pediatría.

Aproximadamente, a uno de cada diez pacientes observados en los servicios de pediatría, se le diagnostica el síndrome de daño cerebral con desorden en el comportamiento y a menudo, con cierto grado de retardo mental.

Existe bibliografía que describen el síndrome de desorden del comportamiento con daño cerebral, como hiperkinesis, baja tolerancia a la frustración, cortos periodos de atención y distracción, obstinación, inestabilidad emocional, ansiedad excesiva, diversas deficiencias en el desarrollo intelectual, impulsividad y comportamiento antisocial.

Aunque estos síntomas se ven en niños con daño cerebral, también se presentan en niños con desordenes funcionales en el comportamiento. Un determinado niño, tiene su propio cuadro, dentro de la constelación.

Anteriormente los investigadores definían la causa de esos trastornos en términos psicológicos u orgánicos, pero, en los últimos años se ha desarrollado una tendencia más ecléctica para integrar lo psicodinàmico y lo orgánico.

Un niño con daño cerebral mínimo puede presentar más alteraciones, que uno con mayor daño; por tanto, los trastornos del comportamiento no se pueden explicar en base al deterioro anatómico.

De otro lado, los datos del medio ambiente son más fáciles de obtener que los neuropatológicos y a menudo, se tiende a construir un caso etiológico basado en los factores dinámicos, cuando muchos de ellos, pueden estar subordinados a los orgánicos.

El diagnostico de daño cerebral es el resultado final de factores que afectan estos tres campos. Mientras que el daño biológico no se puede eliminar, el niño con daño cerebral tiene otros recursos y potenciales sensibles a las influencias sociales, ninguna es más importante que el impacto producido por la familia.

La familia conforma la base sólida de su ambiente, la actitud de ella, sea de aceptación o rechazo hacia el niño y su personalidad, tiene importancia en su adaptación general, que la sola presencia de los factores orgánicos.

El enfoque basado en la familia para el diagnostico y tratamiento del niño con daño cerebral se fundamenta, no solamente en el procedimiento clínico tradicional. La comprensión de los factores utilizados por las familias para mantener la homeostasis familiar.

Asimismo, el niño con una deficiencia física, a menudo se convierte en el blanco natural de los problemas que los padres tuvieron en su infancia y no fueron resueltos.

Existen casos en los que un niño con retardo mental es obligado a obtener un alto rendimiento escolar, aunque los padres notan la deficiencia, la niegan inconscientemente.

No son raros los casos de niños con daño cerebral mínimo y comportamiento infantil secundario, debido a sobreprotección. Estos descubrimientos hicieron nuestro, el creciente interés por el análisis de la familia, una clave en el diagnostico y tratamiento correcto de este problema.

Por ejemplo: un niño nació a los nueve meses y sin complicaciones en los periodos prenatales ni neonatales, no tuvo enfermedades serias, ni accidentes. En cuanto al desarrollo físico temprano, sólo se notó que su patrón de crecimiento era más lento que el de su hermano mayor.

Sus padres notaron que él prefería jugar con niños de dos o tres años menores, así podría dominar el juego y “hacer berrinches”.

El padre se consideraba una persona sin problemas personales ni matrimoniales; su esposa contó que había tenido muchos problemas de niña. Era la segunda hija y siempre había sentido la preferencia de su familia por su hermana mayor.

Cuando el paciente nació, ella tenía un sentimiento especial, por el que era su segundo hijo y lo protegía mucho; ella se culpaba por el comportamiento de su hijo, asumiendo que la causa era su actitud sobre protectora.

La familia como grupo, con sus tres hijos fue entrevistada por el equipo médico. El paciente en cuestión era muy hiperactivo, deambulaba por la habitación golpeando los ceniceros, moviendo sillas y revisando los papeles del escritorio. El hermano menor, de cinco años, lo seguía como a un líder, el hermano mayor se sentó más bien dócilmente en una silla y observaba todo.

Los padres abochornados dijeron que los hermanos del paciente no sabían nada sobre su “enfermedad “y se preguntaban por qué estaban ahí.

Esto fue descartado inmediatamente cuando ellos admitieron haber hecho muchas excepciones en el mal comportamiento del paciente, lo que no habían hecho con sus hermanos (los que se quejaban por ello).

Se entró a una discusión abierta del problema; el padre expresó su culpa por sentir cólera y frustración por el niño, y rechazaba la actitud de su esposa. Ella expresó su culpa por proteger al paciente y por su falta de paciencia con sus problemas del estómago.

Las pruebas psicológicas y una entrevista con el paciente mostraron: que el niño tenía un ligero daño cerebral y también que estaba muy sobreprotegido. Al parecer la madre había colocado a su segundo hijo en su lugar que tuvo en su hogar, de segunda hermana. También parecía tener menor capacidad intelectual que su esposo. Ambos padres le dieron mucha importancia al rendimiento académico y la perfección.

El programa de tratamiento incluyó medicación especifica diariamente y recomendaciones para tomar clases especiales. Se le aconsejó a la familia sobre la necesidad de establecer reglas para lograr que el niño asuma mayores responsabilidades, particularmente en cuanto a sus problemas del estómago.

Los avances se discutieron con cada miembro de la familia y ellos contaban como se iban involucrando y los sentimientos que proyectaban.. El niño asistió a clases especiales durante el año, aprendiendo a leer y escribir al nivel apropiado.

Aunque aun sigue teniendo un comportamiento impulsivo y baja tolerancia a situaciones frustrantes, ha mejorado al punto de participar con sus compañeros en diversas actividades, en lugar de aislarse.

Sus padres han necesitado mayor apoyo para entender las limitaciones de su hijo especialmente en el aspecto educativo. Ambos padres han exteriorizado el sentimiento en cuanto a que les era insoportable aceptar lo que parece ser la expresión de sus propias limitaciones.

Ahora han disminuido la atención que le prestaban a su hijo “enfermo “, y han sido capaces de compartir intereses adultos especialmente en actividades de la comunidad.

Nuestra experiencia en el diagnostico y tratamiento de los niños con daño cerebral mínimo y medio ha incluido la evaluación de toda la familia además de los tradicionales estudios físicos y psicológicos del niño problema .

La alteración del niño parece ser el resultado final de una combinación de por lo menos tres factores: soma, psiquis y familia. Cada aspecto es estudiado por psiquiatras, psicólogos y trabajador social. El resultado es un diagnostico multidimensional que consideramos de importante valor terapéutico.

El tratamiento está dirigido a un mejor uso de los potenciales, a través de medicinas, psicoterapia, colocación escolar y recomendaciones para una vida ordenada dependiendo del grado de patología presentando en cada uno de los diversos aspectos estudiados en el niño y su familia.

De modo que ,la defensa de la identidad cultural de cada familia, mas que una postura nacionalista es una reivindicación al derecho a ser diferente ,nada es permanente ,toda experiencia fluye y desaparece ;causa y efecto son eternos y confusos , por tanto, jamás se puede hallar la claridad ni la permanencia. Los padres actuales y futuros deben recordar estos conceptos, pues, nadie esta libre de esta posibilidad ya que:

¡Cumplir el propio deber , como padres , hermano o hijo ,vale mas que el heroísmo ¡

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